En los proyectos de cooperación para ejecutar en 2026 recibidos destacan dos conclusiones preocupantes:

1. Aumento y Expansión de las Necesidades

  • Récord de Proyectos: En más de 20 años de actividad, este año se han recibido 13 proyectos, superando el máximo anterior de 5 o 6.

  • Nuevos Países: La necesidad se ha extendido a nuevos escenarios geográficos, incluyendo países como Vietnam, Filipinas, Perú, Chile y Camerún, además de Ruanda, Uganda, Benín, y Guatemala.

  • Conclusión: Este aumento y expansión geográfica indica que hay más carencias y necesidades que en años anteriores.

2. El Índice de Desarrollo Humano (IDH)

Es el indicador estándar del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) para medir el progreso (de 0, desarrollo nulo a 1, desarrollo máximo) basándose en la esperanza de vida, la educación y el nivel de vida digno. Sin embargo, este índice es un promedio que puede ocultar la realidad de cómo se reparten esos beneficios entre la población. Por ello, es crucial incorporar al análisis el IDH-D (Índice ajustado por Desigualdad), el cual descuenta del valor original las desigualdades existentes.

Al aplicar el IDH-D a los países de los que tenemos datos para los proyectos de este año, las conclusiones son aún más alarmantes:

El espejismo del promedio: Mientras que el IDH medio nominal de estos países se sitúa en 0,640 (Desarrollo Medio), al ajustar por la desigualdad, el valor real desciende drásticamente a 0,490. Esto supone una pérdida total del 23,6% en el desarrollo humano debido a la injusta distribución de la riqueza y los servicios. En la práctica, el conjunto de estos países cae de un nivel Medio a un nivel de Desarrollo Bajo (inferior a 0,500).

Justificación en los países de "renta alta": El análisis del IDH-D explica por qué países como Chile o Perú siguen necesitando cooperación. Aunque Chile presenta un IDH alto de 0,860, pierde un 18,1% de su desarrollo por desigualdad, bajando a 0,704. Perú sufre una caída aún mayor (21,4%), descendiendo a 0,607. Esto confirma que, a pesar de sus cifras macroeconómicas, existen grandes brechas sociales que dejan a una parte significativa de su población en situación de vulnerabilidad.

La gravedad en los países más pobres: En los países con menor desarrollo, la desigualdad agrava una situación ya de por sí crítica. Destaca el caso de Benín, que pierde un 40,7% de su desarrollo, quedándose en un precario 0,309. Guatemala, pese a tener un IDH medio de 0,630, sufre una pérdida del 28,1%, cayendo a un nivel de 0,453 (desarrollo bajo).

En resumen, el factor de corrección del IDH-D nos revela que el bienestar real de las personas es muy inferior al que sugieren las cifras generales. La pérdida media de casi una cuarta parte del desarrollo (23,6%) confirma que la desigualdad es un motor de pobreza multidimensional en todos estos escenarios, validando la urgencia de los proyectos de cooperación presentados.