Comenzamos la campaña de este año recordando a quien inició este movimiento tan pecualiar, Faustino Vilabrille, que nos dejó después de haber llevado una vida plena y de total seguimiento del Evangelio.

En este nuevo ciclo de 2027, nuestra misión se reafirma en una verdad fundamental: la fe no es un acto momentáneo, sino un caminar constante. Al mirar hacia adelante, nos proponemos no solo sembrar nuevas semillas, sino también nutrir y fortalecer aquellas raíces que ya han dado frutos de esperanza. Entendemos que el impacto positivo en la vida de las personas requiere tiempo; por ello, seguiremos acompañando con fidelidad a los proyectos que ya han demostrado ser refugios sólidos para quienes más lo necesitan.
Contexto
Vivimos en un tiempo de ruidos ensordecedores: conflictos globales, desastres naturales y crisis visibles, emergencias que captan la mirada del mundo. Sin embargo, nuestra mirada debe ir más allá de lo que es "noticia". Hay una agonía silenciosa, que no siempre llega a los titulares, porque no son emergencias, pero que son devastadoras en su duración. Son situaciones de pobreza crónica, falta de recursos básicos y aislamiento que no abren los informativos, pero que día a día apagan la vida de los más vulnerables —especialmente de los niños y de los ancianos— y roban la esperanza de los adultos y les impiden construir un futuro digno para sus familias.
Nuestra propuesta
Nuestra misión no es responder a la emergencia del momento, no tenemos capacidad física ni económica para hacerlo, sino construir lugares para la esperanza. Por ello, en este año, reafirmamos nuestro compromiso con las comunidades que ya caminan con nosotros y abriremos nuevos espacios de acogida para quienes, en medio del ruido del mundo, buscan una mano que les ayude a reconstruir su mañana.
En 2027, nuestra acción intentará ser un testimonio del Reino: una presencia constante que restaura la dignidad allí donde el mundo ha decidido mirar hacia otro lado.